Rafael Alfaro, un homenaje y el germen de un proyecto

Cumplía, en efecto, su mitad el último mes de ese año cuando un buen puñado de los escritores y artistas más representativos del hacer cultural conquense se dieron cita, junto con colegas de otras procedencias, en la Casa de Castilla La Mancha en la capital del Estado para homenajear a su compañero y paisano el poeta Rafael Alfaro que, al Premio Nacional de Poesía de El Salvador, que se había traído en la maleta al regreso de su estancia en Centroamérica, acababa de unir el prestigioso galardón del Boscán. El acto iba a contar con la intervención directa de Federico Muelas, Acacia Uceta, Carlos de la Rica, Florencio Martínez Ruiz, Diago Jesús Jiménez, Félix Manual Martínez Fronce, José Rius, Eduardo Ruiz y Enrique Domínguez Millán, pero, como éste último ha recordado en sus “Notas para una historia de la Real Academia Conquense de Artes y Letras” (Académica nº 2, septiembre-diciembre 2006, Cuenca) al acto habían acudido también muchos otros creadores conquenses. Y allí iba a ser donde, durante la tertulia entablada tras el acto, iba a saltar el primer chispazo generador al hilo de un cierto auto-reto reivindicativo: si otras provincias tenían sus Academias, ¿por qué no, también, Cuenca? Y como las cosas no conviene que se enfríen, allí mismo se dio el primer paso para pasar de la idea al hecho con la constitución de la comisión que habría de encargarse de hacer realidad tal tránsito.